Cooperativa Integral Albacete

Creemos en otra forma de organización social y económica


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Resumen Reunión 14 Dic. 2012 en Casas Ibáñez

Tal como se acordó en la reunión del pasado viernes, os dejo los enlaces de las hojas de pedido que nos pasaron los compañeros de la Sierra, como hay muchos productos la idea es que cada uno le eche un vistazo para ver lo que más interesaría y con eso el próximo día confeccionemos nuestra propia hoja de pedido.

https://www.dropbox.com/s/sq7f3n18t59bng1/Nueva%20Plantilla%20pedido222.xls

https://www.dropbox.com/s/l5w02saoi26bqij/_Precios.xls

Os dejo también el enlace de nuestra hoja de Productores/Consumidores que ya habíamos publicado y que pienso nos valdría de base para hacer nuestros pedidos.

https://docs.google.com/spreadsheet/ccc?key=0AkTimXDoov0OdGV2YksxSlVjOEVIcjFEcklycFJuUlE#gid=0

También se habló de la posibilidad de hacer cestas de productos de temporada para cuando las huertas estén en mayor producción y de la comercializadora de energía, para lo cual sería necesario crear una entidad para poder facturar. La reunión fue un poco acelerada…

Por último Viri, habló de hacer pan para un próximo pedido. Quedó pendiente de confirmar.

Se estableció la próxima reunión para el viernes 11 de Enero de 2013. Así es que si no nos vemos antes, que paséis buenas fiestas.

Nieves


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Reflexiones de Edgar Morin sobre el futuro de la humanidad

En 2011, justo cuando acababa de cumplir los 90 años, el pensador francés Edgar Morin publicó La vía. Para el futuro de la humanidad . En este libro reflexiona sobre los principales problemas a los que se enfrentan nuestras sociedades imbuidas por la globalización, la occidentalización y el desarrollo.
Acabo de terminar de leer la introducción al mismo, y he disfrutado de su clarividencia. Creo que muchas cosas que plantea nos vienen muy bien a la hora de enfocar e impulsar nuestro proyecto de cooperativa integral. Os copio más abajo literalmente y entrecomillados algunos párrafos. Buena lectura, salud y nos vemos. Goyo.

“El desarrollo es una fórmula estándar que ignora los contextos humanos y culturales. Se aplica de forma indiferenciada sobre sociedades y culturas muy diversas, sin tener en cuenta sus singularidades, sus saberes y sus técnicas, sus formas de vida, vigentes en pueblos de los cuales se denuncia el analfabetismo, sin percibir las riquezas de sus culturas orales tradicionales. Constituye un verdadero etnocidio para los pueblos pequeños.
De hecho, el desarrollo presenta el modelo occidental como arquetipo universal para todo el planeta. Supone que las sociedades occidentales constituyen la finalidad de la historia humana. Producto del sociocentrismo occidental, el desarrollo también es el motor de una occidentalización frenética y, aunque no aporta al resto del mundo lo que la civilización occidental tiene de positivo (derechos humanos, libertades, democracia), sí comporta inevitablemente sus vicios.
El desarrollo, que pretende ser una solución, ignora que las propias sociedades occidentales están en crisis a causa, precisamente, de ese desarrollo, que ha segregado un subdesarrollo intelectual, físico y moral. Intelectual, porque la formación disciplinar que recibimos los occidentales, al enseñarnos a disociarlo todo, nos ha hecho perder la capacidad de relacionar las cosas y, por lo tanto, de pensar los problemas fundamentales y globales. Físico, porque estamos dominados por una lógica puramente económica, que no ve más perspectiva política que el crecimiento y el desarrollo, y estamos abocados a considerarlo todo en términos cuantitativos y materiales. Moral, porque el egocentrismo domina sobre la solidaridad. Además, la hiperespecialización, el hiperindividualismo y la falta de solidaridad desembocan en el malestar, incluso en el seno del confort material.
Occidente siente un vacío y una carencia: cada vez hay más espíritus desamparados que recurren a los psicoanalistas y a las psicoterapias, al yoga, al budismo zen, a los gurús, etc. Algunos tratan de encontrar en las culturas y las sabidurías de otros continentes remedios a la vacuidad creada por el carácter cuantitativo y competitivo de su existencia. Vivimos, así, en una sociedad en la que las soluciones que brindamos a los demás se han convertido en nuestros problemas” (Morin, 2011, 24-28).

“De ahí que, efectivamente, la globalización sea, a la vez, lo mejor (la posibilidad de que emerja un mundo nuevo) y lo peor (la posibilidad de que la humanidad se autodestruya). Comporta unos riesgos inauditos, pero también unas increíbles oportunidades. Lleva consigo una probable catástrofe, pero también permite la improbable aunque posible esperanza.
Estos procesos actuales presentan ambivalencias.
Toda crisis comporta riesgos y oportunidades, y la crisis planetaria lo hace de forma paroxística. La oportunidad está en el riesgo. La oportunidad aumenta con el riesgo. ‘Donde crece el peligro también crece aquello que salva’ (Hölderlin).
Pero la oportunidad sólo es posible si es posible cambiar de vía.
¿Es posible?” (Morin, 2011, 31).

Cambiar de vía
Para ir hacia la metamorfosis, es preciso cambiar de vía. Pero si bien parece posible cambiar ciertas trayectorias y corregir ciertos males, no podemos ni siquiera frenar la ola técnico-científico-económica y de civilización que está llevando a nuestro planeta al desastre.
Y, sin embargo, la historia humana ha cambiado muchas veces de vía. ¿Cómo?
Todo empieza siempre con una iniciativa, una innovación, un nuevo mensaje inconformista y marginal, que muchas veces sus contemporáneos no perciben. Así comenzaron las grandes religiones. El príncipe Sakyamuni elaboró el budismo al final de una meditación solitaria sobre la vida; más tarde una gran religión se extendió por toda Asia gracias a unos cuantos discípulos. Jesús era un chamán galileo que predicó sin ningún éxito ante el pueblo hebreo, pero su mensaje, retomado y universalizado por un fariseo disidente, Pablo de Tarso, se extendió lentamente por el Imperio Romano y se convirtió más tarde en su religión oficial. El profeta Mahoma tuvo que huir de La Meca y refugiarse en Medina; el Corán se propagó de discípulo en discípulo y se convirtió en texto sagrado de innumerables poblaciones de África, Asia y Europa. El capitalismo se desarrolló como parásito de las sociedades feudales para finalmente imponerse y, con la ayuda de las monarquías, desintegrarlas. En 1492, el solitario pero obstinado genovés Cristóbal Colón logra, gracias a su insistencia, obtener de los Reyes Católicos (Isabel I y Fernando II de España) las carabelas que le permitirían llegar a las costas de América. La ciencia moderna se formó a partir de algunas inteligencias inconformistas y dispersas (Galileo, Bacon, Descartes) y luego extendió sus redes, sus asociaciones, se introdujo en las universidades en el siglo XIX, y posteriormente, en el siglo XX, en las economías y los estados de esa nave espacial llamada Tierra. En el siglo XIX, el socialismo germinó en unas cuantas mentes autodidactas y marginales, y se convirtió en una formidable fuerza histórica en el siglo siguiente” (Morin, 2011, 33-34).

La efervescencia creativa
En nuestra época debería fraguarse un replanteamiento, más profundo, incluso, que el del Renacimiento. Hay que repensarlo todo. Debemos volver a empezar.
De hecho, todo ha empezado ya, pero sin que lo advirtamos. Estamos en el estadio de unos preliminares modestos, invisibles, marginales y dispersos. Ya existen, en todos los continentes y en todas las naciones, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales que avanzan en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica o existencial. Pero todo lo que debería estar relacionado se encuentra disperso, separado, compartimentado. Estas iniciativas no están relacionadas entre sí, ninguna administración las tiene censadas, ningún partido toma nota de ellas. Pero son la cantera del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de cotejarlas, de incluirlas en un repertorio, para abrir, así, una pluralidad de caminos reformadores. Son vías múltiples que, desarrollándose conjuntamente, podrán conjugarse para formar la nueva Vía, que descompondrá la que estamos siguiendo y nos dirigirá hacia la metamorfosis, todavía invisible e inconcebible.
La salvación ha empezado por la base” (Morin, 2011, 34).